Armada de Uno
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-"Entonces, ¿Puedes decirme como llegaron a ese punto?" - Dijo el hombre mientras le daba la espalda, mirando la gran pantalla en la pared.

El Teniente Abigail no estaba seguro cual seria la mejor manera de responder. Si había aprendido algo del ejercito es que cuando un oficial de mayor rango te hace una pregunta usualmente era porque ya sabia la respuesta y solo quería oírte decirla o esperaba que le dieras una buena razón que justificara tu presencia ante ellos.

Si quien le estuviera hablando hubiera sido el Comandante García o el Comandante Thompson, carajo, incluso podría haber sido ese cabron del General Iturriaga, no tendría problema en contestar rápido y directo como se espera de un soldado con su experiencia. Pero no era el caso.

Ante el se paraba un hombre americano de aspecto delgado, traje de negocios de un color azul oscuro, cabello recortado un poco largo en los lados y anteojos, que por la posición en la que estaba no dejaban de reflejar la única luz que les llegaba desde arriba, haciéndole parecer tener los enormes ojos de un animal nocturno. Pero lo peor era la calma en su voz. Compuesta de una total indiferencia hacia lo que estaba pasando en ese mismo momento frente a el.

Al siguiente momento los grandes reflectores que parecía llevar por ojos lo miraron de nuevo, y Abigail no pudo evitar sentir como si alguien estuviera mirando algo mas dentro de el, algo que no se suponía otro debía ver.

Sin mas el Comandante Dos hablo de nuevo con esa misma voz tranquila, pasiva y llena de una frialdad que reflejaba un poco de esa crueldad con la que era conocido.

-"No me gusta que me hagan repetirme soldado."

Abigail sintió como si una serpiente de hielo reptara por su columna ante esas palabras. Carraspeo un poco cubriendo su boca con un puño y luego de calmarse un poco finalmente hablo.

-"Disculpe señor. Trataba de poner en orden mis recuerdos."

-"No creo que se necesite mucho tiempo para recordar lo que paso apenas hace un par de horas."

-"Si… yo solo…

-"Creo que no debo recordarte que hay maneras mas efectivas para hacerte hablar sin tener que lidiar con tus banales inseguridades. No necesitamos a gente con dudas en su cabeza en la Insurgencia… al menos no vivas."

-"No, yo…

El Comandante Dos se acerco a el y le puso una mano en su hombro. Incluso a través de la tela del uniforme la sensación de frialdad se sentía, como si por las venas de esa mano no corriera sangre, sino mercurio.

-"Soldado… solo estoy bromeando…." - Dijo el Comandante para luego mostrar la mas incomoda sonrisa que pudiera existir.

Ahí estaba, la otra parte del Comandante Dos que todos temían ver, aquella que era peor que su frio desapego: La horrible faceta llena de deleite y entusiasmo, de aborrecible disfrute a costa de la incertidumbre y miedo de otros. Abigail pensó que esa sonrisa solo podía surgir de alguien que solo encuentra diversión en cosas que nadie humanamente cuerdo sentiría placenteras.

-"Entonces… comienza de nuevo. Desde el principio si eres tan amable."

Abigail miro al hombre darle la espalda de nuevo para prestar su atención a la pantalla frente a el. Miro hacia sus lados tratando de distinguir algo del lugar en donde estaba pero solo era un gran vacío de negrura que lo cubría todo, con el circulo de luz donde estaban como el único aspecto real que le recordaba que esto era real. ¿Si quiera estaban aun en la base? ¿En la Tierra?

Tragando saliva una ultima vez y contrayendo sus secos labios para humedecerlos empezó a contar todo lo que había sucedido.


El soldado despertó con un rugido. Por así decirlo. Era difícil decir que era para alguien con su condición estar despierto y que estar inconsciente. Tomo su gladius del suelo y se puso de pie, oyendo el crujido de su viejo cuerpo mas no sintiendo nada al respecto. Paso su mano por su cabeza y se dio cuenta de que había perdido su casco.

De seguro le iban a llamar la atención por eso. Habia insistido tanto por una vieja armadura y no era precisamente fácil conseguir otras como estas. Reliquias le decían. Supongo que el también lo era.

Miro a su alrededor para ver la lluvia de escombros y ceniza a su alrededor, así como el humo que ya empezaba a inundar toda su vista. Miro la empuñadura de su espada y noto que su mano esta quemada por la parte del dorso… así como gran parte de su pútrido cuerpo.

-"!Pathicus! quod scelestos…"

Ahora lo recordaba. Habia estado de camino hacia la Sala de Seguridad en compañía de su Primus pilus y de ese peculiar alquimista. Este había usado sus extrañas ceremonias de magia para abrir pasajes a través de este gran campamento de piedra, pero cuando llegaron a un gran salón para elegir un nuevo camino una gran explosión había volado el muro occidental así como todo el piso debajo de el. Por suerte solo le había alcanzado a el, ya que su Primus y el mago se quedaron atrás probando la radio, siendo solo el, el único que había recibido la explosión.

Miro hacia arriba y vio el gran agujero dejado que atravesaba las tuberías debajo del suelo. Los escombros apenas dejaban ver una pequeño fulgor de luz de la cámara desde donde había caído. Si que fue una caída larga. Suficiente para matar a un hombre saludable y con pulmones funcionales.

En fin. No había manera de escalar por ahí, así que solo podía ir por el camino largo. Estos eran los túneles que llevaban a ese peligroso lugar que llamaban Sector de Almacenamiento Profundo y a la zona de descarga de vehículos pesados de tierra. Sin un mapa no sabia cual de los extremos del túnel lo llevaría de regreso a la superficie.

-"Sed quid Caenum inmundicia."

Sin pensar un momento en elegir se decidió por una de las direcciones y avanzo rápidamente levantando polvo y ceniza en su camino.

El tiempo paso volando mientras caminaba por los largos pasillos del corredor sur hacia el único punto de luz visible. Era la zona principal de descarga de transportes, con sus varias luces brillando desde el techo iluminando las varias zonas de carga-descarga y estaciones, algunas ocupadas por vehículos varios de la Insurgencia. Entre ellos estaban varias de esas carrozas sin caballos de gran velocidad y un par de esos castillos-reptantes arroja fuego o tanques como le llamaba su Primus.

El lugar era ridículamente grande, posiblemente ocupando el 30 o 40% del espacio debajo de la base, aunque eso también contaba los almacenes, garajes, puesto de mantenimiento y el gran elevador para vehículos pesados.

Nautius de detuvo bajo la luz de una farola. Inmóvil y sin aliento que exhalar parecía de lejos uno de esos muñecos de entrenamiento. Rápidamente metió su cadavérico brazo entre dos cajas de madera puestas en la zona de descarga y jalo al intruso en ellas.

-"¡No espera!" - Grito Abigail a todo pulmón -"Por favor, solo me escondía de ellos!"

-"¿oms…?"

El soldado romano avanzo un poco hasta la esquina mas allá de la vista obstruida por las cajas y vio un espectáculo macabro. Los cuerpos de decenas de soldados tanto Insurgentes como del Refugio se encontraban tirados en el suelo. Ha algunos les faltaba los miembros o la cabeza o ambos, pero los soldados de las Insurgencia estaban peores.

A un extremo, cerca de donde se encontraba el gran elevador de vehículos estacionado, se encontraba un grupo de soldados del Refugio. Algunos estaban sin camisa mostrando sus brutales cambios físicos y otros llevaban al menos algunos chalecos antibala o cinturones con fundas, estuches y bolsas tácticas rodeándoles todo el cuerpo. Al menos nueve mas otros dos que estaban devorando el cuerpo de un pobre diablo Insurgente que al parecer no estaba completamente muerto.

Nautius pensó en cual seria en acercamiento apropiado cuando de repente sintió algo arrastrándose en su pierna derecha. Era uno de esos jodidos gusanos blancos con mandíbulas de insecto que ahora trataban de morder su pútrido tobillo.

Mientras la veía Nautius recordó de pronto ese otro gusano que el y sus compañeros habían visto venir. Se dirigían a su encuentro precisamente antes de caer por ese vacío. Nautius tenia que salir de aquí pronto para poder ayudar a sus camaradas y solo podía hacerlo por ese elevador.

Antes de que el gusano pudiera darle otra mordida clavo su Gladius en el hasta empalarlo. Hubiera sido mucho mas fácil cortarle la cabeza pero quería que el gusano chillara para llamar la atención del grupo frente a el. Luego mantuvo al gusano por encima de su cabeza y lo arrojo hacia donde estaba el grupo justo cuando estos miraban en su dirección.

Los miembros del Refugio vieron al soldado con curiosidad y enojo. Los que estaba comiendo también dejaron su horrenda merienda para ver al soldado. Nautius levanto su espada hacia ellos apuntándolos de modo acusador. Entonces dio inicio a su Barritus.

Comenzó primero como un susurro y luego empezó a elevar el ruido de su voz hasta convertirlo en una grito gutural. Algo que recordaba mas a los Persas en las Termopilas que a los Romanos del Gran Imperio.

Los del Refugio solo se rieron e intercambiaron unos cuantos comentarios. Unos dieron unos cuantos pasos con sus armas apuntándolo. Sin embargo uno de los que se encontraba comiendo a los soldados, que estaba mas cerca del soldado muerto, se levanto y se puso frente a el de forma amenazadora. Luego comenzó la transformación.

Aun con la boca manchada de sangre por el banquete que se acababa de dar, la cabeza del sujeto empezó a contraerse hasta que toda la quijada inferior se desproporciono y muto hasta dar paso a cientos de afilados dientes como aguja mas dos largos colmillos como de jabalí, al mismo tiempo que sus manos cambiaban hasta que la piel de estas reventó para mostrar unas garras desolladas con varios dedos con uñas con forma de anzuelo.

Nautius vio esto sin sentirse impresionado, aunque realmente le disgustaba la manera en que esto tipos destruían sus cuerpos con tal obtener algo de ventaja durante el combate. Suspiro. Bella, horrida bella.

El sujeto entones se puso en cuatro y Nautius noto que sus piernas también habían cambiado hasta doblarse desde adentro. Ahora parecía un horrible animal cuadrúpedo listo para envestirlo. El no lo espero.

Nautius lanzo su gladius lo mas fuerte y rápido que le permitía su cadavérico brazo. La espada viajo a toda velocidad, con el acero silbando en el aire, hasta que este se clavo dentro de la boca del sujeto recién convertido, con la punta ensangrentada saliendo del otro lado. La fuerza fue tal que el cuerpo se levanto en dos patas hasta dar una vuelta completa y caer boca arriba con la empuñadura, apenas visible, completamente enterrada en la garganta.

Hubo una serie de gritos provenientes de algunos de los demás soldados, con un par lanzándose al ataque, listos para cargar con todo hacia Nautius quien saco su otra espada corta que tenia en la cintura. No se había sentido tan bien desde hacia siglos… literalmente.

El soldado de Refugio frente a el, un bruto cuyo cuerpo había generados cientos de espinas de hueso astillado hasta parecer un puercoespín humano, se acerco con sed de sangre. El golpe fue duro. Nautius salió casi volando hasta chocar con la puerta de una carro blindado, el ruido del choque resonando por todo el lugar. No sintió nada, así que no noto las decenas de púas de hueso metidas en su pecho hasta que se levanto, percatándose de las costillas rotas que se movían libremente dentro de esófago.

Era curioso que ahora se preguntara sobre su propia mortalidad. Que el supiera no había manera de matarlo a menos que fuera quemado por completo, por lo que si incluso si lo decapitaran estaría con vida pero ¿Qué pasaría si destruyeran su cabeza y cerebro? ¿Podría seguir viviendo su cuerpo sin su mente?

Sin duda la masa de carne y huesos que se acercaba a el a toda velocidad respondería esa pregunta. Oh, bueno, olvida la ultima parte. Esa fue la reflexión de Nautius cuando vio una carga acida golpear directamente en el rostro del soldado. Pronto su piel y carne cedió ante la mezcla química de ácidos orgánicos y los dioses sabrán que mas. Su cara era solo un hueco carmesí que goteaba sangre y partes de cerebro ya que incluso el hueso del cráneo fue completamente consumido.

El cuerpo, o lo que quedaba, cayo pesadamente al suelo, pero el resto del grupo del Refugio estaba muy ocupados viendo hacia una entrada de acceso que ahora se había abierto y de donde salió disparada la carga acida. Nautius miro con una mezcla de alivio y molestia mientras veía a surgir al menos una decena de sujetos en trajes de peligros biológicos y mascaras de gas. Los "Eco Terroristas" habian llegado.

Caos. Caos de pronto lo lleno todo.

Los disparos empezaron casi al instante. Cada grupo respondiendo con su igual numero de armamento, aunque los del Refugio no se valieron solo de proyectiles con algunos de ellos saltando y caminando encima de los vehículos estacionados buscando un angulo de ataque. Uno de los miembros del Equipo Especial se volteo y se dirigió a uno que estaba cerca de la entrada de donde habían venido. El otro solo contesto con un movimiento de cabeza y después de apretar algunos botones del panel en la pared, la puerta de entrada se cerro con el sonido característico de un bloqueo completo. Nadie salía vivo de aquí.

Nautius se maravillo del infierno desatado, donde quiera que mirara había una lucha por la sobrevivencia: un solado recibió el ataque desde las alturas de un miembro del Refugio abanicando su lanzallamas golpeándolo en la cabeza y ya en el suelo lo baño con fuego hasta prácticamente incinerarlo; otro miembro del equipo fue atacado y su brazo cortado por la cuchilla de hueso de un soldado que tenia espadas por manos; otro de los monstruos trato de ser mas sigiloso pero al ultimo segundo fue recibido por dos cargas acidas directas en el pecho y cuando cayo al suelo exploto en una mancha roja.

Era hermoso. Y Nautius se maldijo por ya no ser capaz de oler el aroma de fuego quemándolo todo ni de la sangre en el aire. Aun así le bastaba saber que aun había suficiente locura en este mundo para hacer que otros se mataran por un propósito delirante. Por supuesto que tenia que formar parte de el.

Levanto su espada corta que se le había caído durante la envestida y noto que dos dedos de la mano izquierda se habían derretido; al parecer un poco de ese acido le había caído cuando la carga exploto tan cerca de el. Bah. Nautius mordió los dos dedos al mismo tiempo y lo arranco para luego escupirlos al suelo para luego cargar contra el primer enemigo a su alcance.

Detrás de una caja de madera, Abigail veía toda la masacre y conforme pasaba el tiempo se tranquilizaba mas. Al principio estaba completamente seguro que ese romano loco los iba ha hacer matarlos a ambos, pero con la llegada del Equipo Especial ahora las cosas habían cambiado de rumbo. No importa que tan mal estaba todo antes, era obvio que los Eco-Terroristas tenían ventaja gracias a su armas basadas en fuego y acido, los peores enemigos de los Sarkicos.

Pero entonces Abigail noto algo. Uno de los miembros del Refugio que disparaba detrás de una de los vehículos 4x4 dejo de hacer llover balas para revisa un extraño contenedor que tenia junto a el. Le quito la tapa y metió su mano para luego sacar… algo que parecía una masa negra de carne. El sujeto entonces se acerco la masa en la boca y suspiro algo; en el siguiente instante la masa empezó a palpitar y todas sus venas empezaron a brillar en rojo. Entonces Abigail se dio cuenta de que era: Un corazón.

Luego el sujeto corto con su dientes la vena de su muñeca y dejo que unas cuantas gotas de sangre cayeran encima del corazón que al instante empezó a brillar mucho mas y a palpitar mas rápido. Acto seguido, la arrojo hacia el grupo que peleaba.

-"¡Nautius cuidado!" - grito Abigail mientras se tropezaba con el cuerpo de un miembro del Equipo Especial que tenia el casco de su traje roto por un gran pedazo de hueso que atravesaba la visera. - "¡Nautius! ¡Cuidado con esa jodida cosa!"

Nautius, quien había recuperado su Gladius de la boca del sujeto muerto solo para enterrarla en la garganta de otro, miro hacia donde estaba apuntando Abigail. Solo vio la cosa aterrizar al suelo no sin antes ver al sujeto que la tiro quien empezó a balbucear algo. De todo lo que dijo solo hubo una sola palabra que Nautius curiosamente entendió: Phalanx.

La cosa entonces-


-"Espera un momento por favor." - dijo el Comandante Dos.

Este se acerco a un extraño aparato que Abigail estaba seguro no se encontraba hacia un instante. Parecía uno de esos ventiladores con base largos, pero en vez de astas tenia un objeto en forma cilíndrica muy pequeño, con una de los extremos circulares apuntándole a el. El Comandante movi algo detrás de el y este emitían un zumbido. Luego la larga pantalla frente a el cambio a una vista oscura que cambiaba de colores.

-"A partir de ahora quisiera que seas tan amable de poder pensar e imaginar con todo detalle lo que viste mientras lo describes."

-"Oh…si…por supuesto…" - Dijo Abigail adivinando que era la maquina ahora.

-"Excelente. Ahora continua por favor."


Cientos de zarcillos, como cordones rosados, salieron disparados del pulsante órgano envolviendo todos los cuerpos en el piso, tanto viejos como nuevos, tanto de la Insurgencia como del Refugio. Con una extraña inteligencia despojo a los cuerpos de sus ropas e insertaba sus zarcillos dentro de la carne hasta que estas viajaban por todo sus sistema. Y entonces empezaba la unión.

Nautius, Abigail y el Equipo Especial vio con sorpresa y horror como los zarcillos empezaban a fusionar el tejido de la piel y carne de todos los cuerpos en una sola masa rojiza que palpitaba sin parar y que crecía a un ritmo rápido. Pero no acabo ahí. Dos de los últimos sobrevivientes del Refugio que les daban la espalda a la cosa por estar prestando su atención a los Insurgentes fueron envueltos y mutilados por la cosa para luego ser añadidos a la masa roja. Todos fueron testigos del espectáculo obsceno de decenas de rostro con cuencas vacías y brazos humanos surgiendo de la masa, tan rojos como esta, gimiendo de dolor.

La respuesta humana ante la existencia de esto fue obvia. Fuego, acido y balas cayeron como monzón a la cosa roja que ya empezaba a reptar hacia el Equipo Especial y no parecía detenerse. Cada pobre alma quemada que estaba pegado a esa masa era sustituido al instante por otra mas y así en un continuo ciclo de sufrimiento sin fin.

Nautius había visto cosas como esta durante su estadía con la Cura Praetoria Sapientae Occultae. Horrores que asolaban las villas romanas y ruinas abandonadas devorando hombres y violando mujeres. Pero los peores eran aquellas que caminaban entre los muros de la gran ciudad de Roma, navegando por callejones oscuros cazando a los pobre peatones desprevenidos. Algunas de estas diablos nacieron o fueron traídos por los mismos miembros del Consejo o el Cesar mismo. Tantos pactos ocultos. Tanta decadencia diabólica. La misma que borro del mapa su hogar haya en Lepontico, hasta que ni si quiera el recuerdo quedo.

Pero esas experiencias le hicieron el hombre que hoy era. El soldado que hoy era. Y con ello también llego el conocimiento de lo oculto.

Nautius salió de su reflexión ante el grito de un Insurgente siendo arrastrado por la pierna por un tentáculo de carne rojizo que intentaba meterlo a la masa. De no ser por su traje de riesgo biológico ya hubiera estado fusionado, pero ahora la masa se encargaría de penetrar este con la ayuda de sus muchos brazos. Nautius corrió y salto aterrizando junto al Insurgente mientras tiraba en arco su espada cortando el tentáculo de carne roja.

Arrastrando al Insurgente de vuelta y ya cerca del Equipo Especial, hizo un gesto que quedaba claro que quería que se alejaran. Los Eco Terroristas sabían cuales eran las ordenes: Cualquier Agente de Corvus tenia el mismo grado militar equivalente al de General en caso de emergencia, así que sin mas obedecieron.

Era obvio que esta cosa no se detendría hasta que su verdadero ser fuera destruido, en este caso era el corazón. La masa solo era un caparazón que el órgano utilizaba para protegerse, usándolos como escudos de carne y sangre para así salir sin daño alguno, atacando con los miembros de estos como lanzas hacia el enemigo. Phalanx en efecto.

Era el corazón el que debía morir.

Con toda la fuerza que les daba sus piernas Nautius corrió hacia un lado, cerca de unos de los vehículos blindados esquivando los tentáculos y brazos que le lanzaba la masa.

Detrás del vehículo Nautius saco al soldado del Refugio que había tirado la maldita cosa en primer lugar. Este se defendió golpeando fuertemente en la cara al romano desencajando su quijada que quedo colgando en su lugar. Nautius entonces agarro al soldado del cuello con una mano y de una pierna por la otra y lo alzo por encima de el hasta arrojárselo a la masa. Casi inmediatamente el soldado fue recibido con cientos de manos y tentáculos rojos que los despedazaron en mil partes y combinaron con el resto de la carne reptante.

Nautius aprovecho que la cosa estaba distraída para avanzar hacia el elevador. Una vez ahí apretó un botón en la consola de este y se volteo hacia la masa.

-"¡Hic draco!"

La carne empezó a avanzar hacia Nautius de nuevo con gran velocidad, moviéndose en sus muchos apéndices. Cientos de rostro sin ojos que aun podían verlo. Sentirlo.

El gran elevador sin barandales ni reja de seguridad llego deslizándose lentamente en forma perpendicular a través del gran túnel en 160 grados que salía hacia el desierto cercano a la Base-7. Nautius miro a los Eco Terroristas y finalmente dijo sus primeras palabras en mal español.

-"¡¡No importa lo que pase a mi, quemarlo, quemarlo hasta que quede nada!!"

El Equipo Especial, mas sorprendido que nada, solo pudieron contestar en un apresurado "Si señor" antes de ver a Nautius ponerse justo encima de donde el elevador estaba aterrizando. Pero no importaba, porque la masa ya había llegado y estaba ya encima del legionario.

Nautius Casio Sextus, de la primera legión, segunda cohorte, cuarta centuria, se arrojo a las fauces de la bestia sin pestañar.

La masa se lo trago entero, sin tener tiempo de despedazarlo. Mientras las cientos de manos hurgaban en su propia carne, el sonido del elevador los hizo darse cuenta demasiado tarde de su situación. El peso de diez toneladas de hiero y acero los aplastaron, haciendo que la masa explotara en una lluvia de sangre y viseras.

Los pocos cuerpos y brazos que no fueron aplastados intentaban arrastrarse para zafarse de la masa, pero fueron detenidos por los lanzallamas duales y dispersores ácidos de los Eco Terroristas. La marea de fuego no paro hasta que el color rojo de la masa cambio a uno negro y humeante, incluso sabiendo que eso significaría la muerte para Nautius, eso si aun no había sido asimilado. Solo mucho después, cuando la cosa se quedo quieta, el jefe del equipo ordeno apretar el botón y el elevador se alzo nuevamente.

Casi al instante la masa volvió a reptar, pero antes de que los Insurgentes levantaran sus armas vieron como de repente todos los cuerpos, brazos y cabezas se estremecían y luego… nada. Los cientos de apéndices cayeron y se derritieron en una masa negra que pasaba a gris.

Entonces un pequeño bulto empezó a formarse en el centro de la masa. El líder del equipo, adivinando que era, ordeno a su equipo bajar sus armas.

En una nueva implosión de sangre y órganos, Nautius salió completamente bañado en una mezcla de sangre y bilis, sosteniendo en su mano derecha el ahora oscuro y quieto corazón.

Miro a su alrededor y vio a todos los hombres celebrando y vitoreando por el breve triunfo de esta batalla en esta guerra. No todos los días sobrevives al la cruel caricia de la muerte roja. Y Nautius, por primera vez en muchos años - muchos en verdad - se sintió satisfecho.

-"Veni, vidi, vici…"


- "Luego de que por fin mataron a la cosa me pude acercar al Equipo. De repente una puerta blanca salió de la nada de una de las paredes norte y se abrió. No pude ver quien era por la posición en que estaba cuando se abrió, pero Nautius, quien estaba de frente a esta, saludo a quien quiera que están ahí. Luego me lanzo ese corazón negro y quemado sin aviso. Un miembro del equipo me lo quito de encima y lo puso en un frasco especial. Cundo volvimos a mirar Nautius ya no estaba y la puerta se había ido."

Abigail miro al Comandante Dos, que miraba la pantalla, la cual estaba llena de las imágenes del evento que el había descrito, aunque vista tanto desde su punto de vista como de otros. Un panorama hecho de los retazos de su propio recuerdo.

-"Bueno, creo que con eso será suficiente." - Dijo el Comandante Dos apagando la pantalla. - "Realmente aprecio que hayas compartido esto para el archivo. Un reporte hubiera sido suficiente, pero siempre he preferido ver los sucesos desde primera fila. Así es mas interesante."

-"Entonces… ¿eso es todo?"

-" Si por el momento. Y agradece que fuera yo quien estaba a cargo de recibir la informacion de campo. Uno, siendo el viejo mafioso que es hubiera sido mas… duro. Y Tres y Cuatro pueden ser demasiados melodramáticos cuando se trata de humanoides así que… si. En fin, ya puede retirarte soldado."

-"Si. Gracias por recibirme señor. Eh, pero donde esta-

-" -la puerta… ah."

Al instante siguiente Abigail ya no estaba en ese lugar de sombras y ahora estaba en una habitación gris de piedra, sentado en una silla, que estaba rodeado por dibujos de circulos concéntricos con múltiples glifos de significado desconocido para el.

Se levanto lentamente y abrió la única puerta que estaba frente a el. Fue recibido por un pasillo largo también de color gris. Camino hacia el otro extremo, abrió la puerta y entro al Centro de Inteligencia de la Insurgencia. Todos parecían atareados, moviéndose de un lugar a otro, informes y reportes siendo recibidos de todos los rincones de la base y ninguno traía buenas noticias.

Abigail entonces vio a un gigante acercarse a el. Dimitri saludo al teniente y luego le dio la mano dándole una fuerte sacudida.

-" Eso sera todo por el momento teniente. Puede ir a descansar."

-"Si… gracias señor." - Dijo Abigail sintiendo finalmente al cansancio venciéndolo. Se retiro al ala medica esperando a que le dieran algo que lo noqueara.

Dimitri miro en su tableta y vio dos nuevos archivos etiquetados con el símbolo inconfundible del Comando Delta. El primero fue el análisis y video de lo ocurrido en los túneles. De no ser por Nautius uno no podría saber que hubiera pasado con la base si esa cosa hubiera crecido mas. Corvus estaba finalmente cumpliendo con su propósito. Y Nautius realmente valía lo que mil hombres.

Luego miro el segundo archivo y soltó un bufido. Luego sonrió. Es cierto lo que Thompson decía: La Insurgencia no desperdicia nada.


1

El Articulo en un frasco después de su descubrimiento.

Articulo de Interés #1702 - Legión
La anomalía consiste en un corazón dos veces mas grande que el corazón humano normal. Esta cubierto por varias placas de roca negra desconocida y venas traslucidas de color rojo que brillan cuando pasa a su estado activado. Cuando se le aplica sangre y se recita el canto "██████ █████" en Glossojaos1 la anomalía dispersara varios zarcillos en forma de cordones umbilicales que envolverán y penetraran cualquier materia orgánica viva o muerta en un radio de nueve metros, dispersando cientos de venas dentro del sistema limbico de los organismos y modificando su ADN base y estructura molecular hasta convertirlo en una masa de carne maleable que juntara hasta rodear el corazón. Este atacar y asimilara cualquier organismo a su alrededor manifestando apéndices pertenecientes a los organismo absorbidos, así como rostros y tentáculos de tres metros de largo. Puede ser contenida mediante la dispersión de fuego y acido por varios minutos, hasta hacer que el corazón reintegre los zarcillos a si mismo entrando en un estado pasivo.




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